Desde hace siglos, el mar ha sido fuente de misterio y poesía. Pero también de desafíos que ya no podemos ignorar. Hoy no solo hablamos del océano desde la mirada del navegante o del poeta, sino también desde la del científico que trata de descifrar cómo esos ríos invisibles –las corrientes marinas– están cambiando. Porque sí, hay ríos en el mar.
Visualización de las corrientes oceánicas en el Atlántico confeccionada por la NASA.
El océano está en continuo movimiento. Sus corrientes transportan calor, oxígeno, carbono y nutrientes, desempeñando un papel esencial en la regulación del clima y en la dispersión de contaminantes, microplásticos y larvas de peces, además de influir en procesos meteorológicos y climáticos a escala regional y global. Algunas de estas corrientes se están volviendo más rápidas, más intensas, como si el pulso del océano se acelerara. ¿Está aumentando su energía? ¿Qué lo causa? Todavía no tenemos todas las respuestas, pero lo estamos vigilando de cerca.
El CEAB-CSIC participa en el trabajo internacional que muestra la capacidad de las partes vivas de las plantas marinas para retener hasta 40 millones de toneladas de carbono en el mundo.
Microsoft Copilot. (2025). Un estudio liderado por el CSIC desarrolla el primer inventario mundial del carbono retenido por las praderas submarinas [Imagen generada por IA].
Las paraderas submarinas, también conocidas como bosques azules, son uno de los ecosistemas más productivos y biodiversos del planeta. Aunque ocupan menos del 0,2 % del océano mundial, son capaces de almacenar más del 10% del dióxido de carbono que los océanos absorben cada año. Ahora, un trabajo internacional liderado por el Centro de Estudios Avanzados de Blanes (CEAB-CSIC) traduce en cifras la aportación de estos bosques azules para combatir el cambio climático con el primer inventario mundial, que incorpora datos por regiones, países y tipos de praderas. Los resultados, publicados en Nature Communications, muestran que estos ecosistemas pueden almacenar igual o más carbono que los bosques tropicales, con la retención de siete toneladas cada año por hectárea.
Cuando la Asamblea de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente se reúna en diciembre de 2025, uno de los temas clave en discusión será el creciente impacto ambiental de la inteligencia artificial. De cara a dichas conversaciones, aquí tienes un reportaje publicado originalmente en septiembre de 2024.
SciencePhoto Library via AFP
Hay grandes esperanzas de que la inteligencia artificial (IA) pueda ayudar a abordar algunas de las mayores emergencias ambientales del mundo. Entre otras cosas, esta tecnología ya se está utilizando para mapear el dragado destructivo de arena y monitorear las emisiones de metano, un potente gas de efecto invernadero.
Sin embargo, cuando se trata del medio ambiente, hay un lado negativo en la explosión de tecnologías de IA y su infraestructura asociada, como lo demuestran los resultados de diversas investigaciones. La proliferación de centros de datos que albergan servidores de IA incrementa la producción de desechos eléctricos y electrónicos. Además, dichos centros consumen grandes cantidades de agua, cada vez más escasa en muchos de los lugares que los hospedan. Dependen de minerales críticos y elementos raros, que a menudo se extraen de forma insostenible. Y utilizan cantidades masivas de electricidad, cuya generación emite más gases de efecto invernadero que calientan el planeta.
Este año, la Asamblea —el máximo órgano de decisión en temas ambientales, con participación de 193 Estados Miembros— ocurre en un contexto complejo para el multilateralismo. Sin embargo, como señala Radhika Ochalik, Directora de Asuntos de Gobernanza del PNUMA, la UNEA ha demostrado desde su creación en 2014 que las naciones pueden dejar de lado diferencias y avanzar juntas en soluciones ambientales globales. El tema de UNEA-7, “Sostenibilidad y resiliencia para un planeta bajo presión”, responde al aumento de las emisiones, la pérdida acelerada de biodiversidad y el impacto de la contaminación en la salud y los medios de vida.
Cada 26 de noviembre se celebra el Día Mundial contra el Uso Indiscriminado de Agroquímicos, con la finalidad de concienciar a la población mundial acerca del uso indebido e indiscriminado de productos agroquímicos a nivel global.
Imagen generada por IA: “Eco-Agro Advertencia” usando DALL·E (OpenAI, versión julio 2025) [AI image generator]. Herramienta pública: https://labs.openai.com/
Con la celebración de esta efeméride se pretende minimizar los riesgos generados por los productos agroquímicos sobre la salud humana, así como su impacto en el medio ambiente. Existe otra fecha relacionada con este mismo tema. Se trata del Día Mundial del no uso de Plaguicidas, celebrado el 3 de diciembre.
El recién publicado Ecological Threat Report (ETR) 2025 del Instituto para la Economía y la Paz (IEP) ofrece un análisis exhaustivo de los riesgos ecológicos globales, y sus hallazgos son una llamada de atención urgente para todos los que trabajamos en la gestión y conservación de las zonas costeras.
(ETR) 2025
Las costas, como interface dinámica entre la tierra y el mar, son especialmente vulnerables a las amenazas ecológicas descritas en el informe. Aquí, desglosamos los puntos clave más relevantes para nuestras comunidades costeras:
Ministros de varios países expresan un fuerte apoyo a la propuesta de Brasil de elevar el tema a las negociaciones formales. Entre ellos estuvieron Alemania, Reino Unido, Colombia, Kenia, Sierra Leona, Islas Marshall y otros.
Fue un momento largamente esperado, uno que se sintió como pasar de página. La tan aguardada hoja de ruta sobre cómo la humanidad eliminará gradualmente los combustibles fósiles podría finalmente incorporarse a las decisiones oficiales de la 30.ª Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP30). Este martes, ministros de varios países expresaron un fuerte apoyo a la propuesta de Brasil de elevar el tema a las negociaciones formales. Entre ellos estuvieron Alemania, Reino Unido, Colombia, Kenia, Sierra Leona, Islas Marshall y otros.
El pasado 8 de octubre marcó un punto de inflexión en la relación entre el mundo empresarial y la naturaleza. La Organización Internacional de Normalización (ISO) publicó la ISO 17298:2025, «Biodiversity for Organizations», el primer estándar internacional específicamente diseñado para ayudar a las organizaciones a gestionar su interacción con la biodiversidad.
Esta norma llega en un momento de urgencia y oportunidad. Con más de la mitad del PIB mundial dependiendo de manera moderada o alta de los servicios de los ecosistemas, la pérdida de biodiversidad se ha convertido en un riesgo material crítico para la economía global. Reguladores, inversores y consumidores exigen, cada vez más, que las empresas demuestren un compromiso tangible con la protección del capital natural.
El Centro de Estudios Multidisciplinarios de Zonas Costeras (CEMZOC) de la Universidad de Oriente se enorgullece de compartir los destacados aportes de nuestro NODO C44 en la más reciente edición del Boletín de la Red Iberoamericana de Gestión y Certificación de Playas (PROPLAYAS). Este documento, que recoge investigaciones, entrevistas y acciones regionales, refleja el compromiso de nuestra institución con la sostenibilidad costera y la gestión integrada de playas.
Boletín PROPLAYAS No. 2
Participación del NODO C44 en la Limpieza Científica de Playas 2024: Bajo la coordinación del Dr.C. Yunior Ramón Velázquez Labrada, investigador de CEMZOC-UO, nuestro nodo lideró la evaluación de la Playa Siboney en Cuba como parte de la Jornada Internacional de Limpieza Científica de Playas, coordinada por PROPLAYAS en septiembre de 2024.
Resultados Obtenidos:
Zona de Servicios: Puntuación de 0.67 (Calificación «Regular»), con predominio de residuos comunes, orgánicos y colillas de cigarro.
Zona Activa: Puntuación de 0.98 (Calificación «Excelente»), donde los principales residuos identificados fueron colillas y materiales cortopunzantes.
Impacto y Continuidad: Esta actividad se integró al Proyecto Nacional «Gobernanza adaptativa al cambio climático en municipios costeros de Cuba» (PN212LH012.018), demostrando la vinculación de la investigación científica con los programas de desarrollo local.