Diez estudios para actualizar la evaluación de riesgos climáticos en la zona costera de La Habana están siendo promovidos por el proyecto AdaptHabana, como base para la definición de medidas de adaptación efectivas y su integración en un plan de adaptación para esa zona.
PNUD CUBA
Estos estudios abarcan diversas dimensiones —ambientales, geomorfológicas, ecosistémicas y climáticas— y se integran en un enfoque de planificación territorial adaptativa, en línea con las prioridades establecidas por la “Tarea Vida” (Plan de Estado para el Enfrentamiento al Cambio Climático) y las Contribuciones Nacionalmente Determinadas (CND) de Cuba.
La siembra de plantas nativas de las costas es hoy una de las principales estrategias para proteger las playas del destino turístico Jardines del Rey, en la cayería norte de Ciego de Ávila.
Foto: Tomada de Prensa Latina
Ciego de Ávila- La siembra de plantas nativas de las costas es hoy una de las principales estrategias para proteger las playas del destino turístico Jardines del Rey, en la cayería norte de esta central provincia de Cuba. En tal sentido especialistas del Centro de Ingeniería Ambiental y Biodiversidad (Ciba) de Morón, en Ciego de Ávila, acometen un proyecto para rehabilitar y preservar las dunas de Playa Pilar en Cayo Guillermo, consideradas las más altas del Caribe Insular.
Esta cifra podría alcanzar los 17,9 millones si los países no cumplen sus compromisos para la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero y si el financiamiento climático no prioriza los servicios sociales y de resiliencia para la niñez.
Al menos 5,9 millones de niños y jóvenes de América Latina* vivirán en la pobreza para 2030 debido al impacto del cambio climático, alertan la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) y el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) en un nuevo informe publicado este jueves. El impacto del cambio climático sobre la pobreza infantil y juvenil de América Latina analiza la posible incidencia de los eventos climáticos extremos en el aumento de la pobreza en niños y jóvenes, junto a los esfuerzos de los países para reducir las emisiones de gas de efecto invernadero y a sus estrategias en adaptación y de reducción de pérdidas y daños generados por el cambio climático.
El agua potable es fundamental para el desarrollo socioeconómico, la producción de energía y alimentos y la salud de los ecosistemas. Esta semana tiene lugar en la capital sueca un reunión que busca compartir buenas prácticas y reunir inversiones que impulsen el acceso al agua y su buena administración.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima en 2200 millones a las personas que aún carecen de acceso a servicios de agua potable gestionados de forma segura en el mundo, lo que representa un desafío cada vez más urgente frente a la creciente demanda de ese recurso vital. La Semana Mundial del Agua, celebrada actualmente en Estocolmo, Suecia, destaca la relación crucial entre el agua y el calentamiento global, bajo el lema “Agua para la acción climática”.
La responsable de la agencia de medioambiente destaca las “complejidades geopolíticas, desafíos económicos y tensiones multilaterales” para alcanzar un acuerdo, pero subraya la intención de los países de seguir en la mesa de discusiones.
El impulso internacional para lograr un acuerdo sobre un acuerdo jurídicamente vinculante para acabar con la contaminación por plásticos resultó estar fuera del alcance de los Estados reunidos en Ginebra este viernes, al acordar reanudar las discusiones en una fecha futura. “Han sido 10 días de arduas negociaciones en un contexto de complejidades geopolíticas, desafíos económicos y tensiones multilaterales”, dijo la directora ejecutiva del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA).
Las negociaciones para desarrollar un tratado global legalmente vinculante contra la contaminación por plásticos arrancaron esta semana en Ginebra. A menos que se firme un acuerdo, se prevé que la producción y los desechos de plástico se tripliquen para 2060, causando daños significativos, incluso a nuestra salud, según la agencia del medioambiente.
El martes se iniciaron negociaciones en la sede de la ONU en Ginebra con delegados de casi 180 países para acordar un tratado legalmente vinculante que combata la contaminación plástica. «El mundo quiere y, de hecho, necesita un tratado sobre el plástico porque la crisis se está saliendo de control, y la gente está francamente indignada», dijo Inger Andersen, directora ejecutiva del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), la agencia que lidera las conversaciones.
Además de que la mayoría de los residuos plásticos acaba en el mar, esa contaminación amenaza los sistemas alimentarios y el bienestar humano, sobre todo en los pequeños países insulares y costeros en desarrollo, alerta la conferencia de la ONU especializada en comercio, que aboga por medidas arancelarias y no arancelarias para apoyar a los productos sustitutos del plástico que sean ecológicamente sostenibles.
La producción mundial de plástico en 2023 alcanzó 436 millones de toneladas y tuvo un valor comercial superior a 1,2 billones de dólares, lo que representó el 5% del comercio total de mercancías, reportó este jueves la Conferencia de la ONU sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD). En una actualización del comercio global, la UNCTAD recordó que, pese a impulsar el crecimiento mundial en todos los sectores, los plásticos tienen un impacto muy negativo en la salud y en el medio ambiente.
Las algas pueden ayudar a alimentar el planeta, limpiar el aire y transformar las economías costeras Mientras que la agricultura contribuye a una cuarta parte de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero, el cultivo de algas no requiere tierra, fertilizantes ni agua dulce. El océano genera más de la mitad del oxígeno que respiramos y absorbe un tercio de todas las emisiones de origen humano.
Lesconil, un puerto pesquero enclavado en la costa de Bretaña, en el norte de Francia, se agita lentamente bajo el pálido amanecer atlántico. Los charcos de la marea brillan, dando paso a un mar imperturbable salvo por los gritos de las aves marinas y una figura solitaria con un vadeador de pesca amarillo. Vincent Doumeizel, metido hasta las rodillas en un bosque de algas, levanta suavemente una hebra de Saccharina latissima de la salmuera, agitándola por encima del agua como una bandera revolucionaria.
“No es viscosa”, dice de la fronda marrón oliva que brilla en sus dedos. “Es magnífica”. Para Doumeizel, las algas son más que una curiosidad marina. Esta diversa familia de algas verdes, rojas y marrones es la piedra angular del trabajo de su vida: un vehículo para alimentar el planeta, restaurar los océanos, luchar contra el cambio climático e incluso sustituir el plástico.
A puerta cerrada, en un pabellón abovedado a dos pasos del puerto de Niza, más de 40 ministros se reunieron el martes para abordar una de las mayores amenazas medioambientales del planeta: la contaminación por plásticos.
Lejos de las cámaras y del ajetreo de la Tercera Conferencia de las Naciones Unidas sobre los Océanos, celebrada esta semana en Niza, ciudad francesa mediterránea, los máximos responsables políticos expresaron su determinación compartida de concluir, antes de finales de año, un tratado mundial que permita regular por primera vez todo el ciclo de vida de los plásticos. “Existe un compromiso renovado para concluir el tratado en agosto”, declaró Jyoti Mathur-Filipp, que asistió a la reunión y supervisa el proceso de negociación del tratado. “Es un tema demasiado urgente como para aplazarlo más”. Organizada por Inger Andersen, directora del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), esta reunión informal pero diplomáticamente significativa marcó un discreto punto de inflexión en un proceso que lleva dos años en marcha. Fue una señal de que el compromiso político está por fin a la altura del reto.